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Por el camino de las anchoas

Por el camino de las anchoas

Qué mejor forma de recorrer el bello paisaje cántabro que hacerlo al amparo de los sabores que desprenden sus villas marineras, disfrutando de cada rincón de esta hermosa tierra a través de su suculenta gastronomía.

En un recorrido gastronómico por Cantabria nunca deben faltar las anchoas, y en general las conservas de pescado. La tradición de estas conservas y semiconservas nos lleva hasta la costa oriental de esta Comunidad, hasta las villas marineras de Castro Urdiales, Laredo y Santoña.

Zona de bellas playas y marismas (integra el Parque Natural de las Marismas de Santoña, Noja, Joyel y Victoria), sus habitantes llevan siglos faenando en la mar y décadas convirtiendo sus ricos frutos en exquisitos productos manufacturados. Fueron los italianos quienes introdujeron en esta franja costera la elaboración de las conservas, semiconservas y salazones, y los habitantes de Santoña, Castro y Laredo perfeccionaron la técnica. Eso, unido al rico pescado de las frías aguas del Cantábrico, se ha traducido en manjares apreciados en todo el mundo.

En el caso de la anchoa, Santoña es el referente por excelencia, tanto por tradición como por el amplio número de empresas conserveras localizadas en esta villa. Aquí la elaboración de los delicados filetes de anchoa sigue siendo una práctica artesanal realizada por manos expertas que limpian el pescado a mano, uno a uno, sin añadir conservantes ni aditivos. Su posterior utilización en la gastronomía va desde el simple y delicado bocado de pescado a ser ingrediente en ensaladas, acompañante en salsas… Si quieres probar las distintas versiones, déjate caer por la Feria de la Anchoa y la Conserva de Cantabria que se celebra anualmente en la villa.

Pero no todo son conservas. En Santoña también se mantiene una tradición gastronómica muy ligada al mar, con platos típicos como la ‘marmita’ (guiso de bonito y patatas), en torno a la cual se celebra una gran fiesta todos los años.

Además de las anchoas, producto fundamental de esta franja costera occidental de Cantabria, en esta zona podemos degustar muchos platos marineros elaborados de acuerdo a la tradición pesquera de estas villas. En Castro Urdiales, en el límite más oriental de Cantabria, son platos típicos el besugo y los caracoles de tierra, que se toman tradicionalmente el día de San Andrés. Bonito, sardinas y todos los productos del mar son parte importante de las cartas de los muchos restaurantes de la localidad, en los que destacan las grandes barras repletas de pinchos.

Laredo también tiene un importante puerto pesquero. Aquí destaca la peculiar forma de preparar el bonito, el ‘pollo marino’ y los respigos (las hojas tiernas del nabo).

Siguiendo dirección a Santander irás recorriendo pequeñas localidades con sus propios platos tradicionales, como las paellas de Ajo, las excelentes langostas y bogavantes de Isla, degustados en tabernas y restaurantes cercanos a los puertos, o las finísimas y apreciadas almejas de Pedreña, recogidas por las mariscadoras en la orilla sur de la bahía de Santander.

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