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Bocados y tragos subterráneos

Bocados y tragos subterráneos

En Madrid, en León, en Jaén… Hay restaurantes-cueva en casi todos los puntos de España. ¿Te apuntas a una velada ‘bajo tierra’?

Son acogedores, románticos, diferentes, sorprendentes… Comer o cenar en ellos se convierte en una experiencia deliciosa, y no solo por los platos de sus cartas.

Comenzamos por un clásico madrileño: Botín. Fue fundado en 1725 y eso le ha valido ser reconocido como el restaurante más antiguo del mundo por el Libro Guinness de los Records. Este restaurante-museo, que aún conserva azulejos y decoración del siglo XVIII, es famoso por sus cochinillos y corderos asados en horno de leña al estilo castellano. Manjares que seguro que te saben mejor si tienes la suerte de poder degustarlos en la parte de cavas que posee el restaurante.

Sin dejar la capital, nos desplazamos hasta Navalcarnero, donde están Las Cuevas del Príncipe, un espacio de más de 200 años en el que los compañeros de mesa son porrones de vino y vermut natural acompañados de exquisitos chorizos y morcillas de matanza. Todo, claro, a más de 15 metros de profundidad.

Buenas carnes, buen vino y buen precio lo encontramos en el laberinto de cuevas de El Molar, en plena sierra. Contradiciendo el refrán, aquí no hay que tener miedo a meterse en La Cueva del Lobo. Chuletitas de cordero de la sierra, morcilla de Burgos, picadillo de matanza, ibéricos… y buen vino elaborado en la propia bodega. ¿A quién le da miedo este lobo?

Antigua bodega de Casa Botín

León, concretamente la parte de Valdevimbre, también es tierra de cuevas. La mayoría se siguen usando como bodegas, pero otras albergan restaurantes únicos de increíble arquitectura. Dos ejemplos son Cueva Miñambres y la Cueva del Túnel. En ambos podrás degustar exquisitos platos de cocina leonesa en acogedores rincones de luz tenue.

Y auténtico lujo es poder sentarse a la mesa en la espectacular Cueva Los Majuelos (Pegalajar, Jaén), bajo una enorme bóveda de unos veinte metros de altura. Un marco inigualable para cualquier tipo de velada o celebración.

CÓCTELES CON HISTORIA

Para tomar la última copa volvemos al punto de partida, Madrid, a un sofisticado y divertido espacio ‘bajo tierra’ que tiene más de cinco siglos de historia: Las Cuevas de Sandó.

El local mantiene la estructura del siglo XVI, con ladrillos vistos de la época que seguro que esconden multitud de secretos, pero hoy sus paredes se mueven al ritmo de la música y su barra ofrece una variada selección de cócteles, destilados Premium y mezclas clásicas.

Entre sus especialidades destacan el Mojito de flores, preparado con ron blanco, lima, hojas de menta, pétalos de rosas, agua de rosas, violeta y angostura; el Oro negro, con vodka negro, hierbabuena y limón; o el Daiquiri de fresas. Y es que aunque su carta es sencilla, los clásicos versionados surgen a diario y se entremezclan con otros de autor que sorprenden a los más atrevidos.

Mojito de flores en Las Cuevas de Sandó

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